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Qué papel tiene realmente la escasez de municiones en que Trump haya puesto en pausa la guerra con Irán

BBC Mundohace 2 h

Qué papel tiene realmente la escasez de municiones en que Trump haya puesto en pausa la guerra con Irán
Extracto de BBC Mundo

En síntesis

Al inicio del mes, el presidente Donald Trump participó en la Cumbre de Defensa e Innovación en Pensilvania, donde, acompañado por el secretario de Defensa Pete Hegseth y directivos de las mayores compañías armamentísticas estadounidenses, enfatizó la necesidad de acelerar la producción de armas. El evento se presentó como parte de una estrategia doble: revitalizar la industria militar nacional y reforzar lo que el gobierno denomina el “arsenal de la libertad”. En la agenda, sin embargo, quedó en segundo plano el elevado gasto en municiones que se generó durante los intensos combates contra Irán a principios de año.

Durante la Operación “Furia Épica”, que se prolongó casi 40 días, las fuerzas estadounidenses atacaron más de 13 000 objetivos en territorio iraní y sus defensas aéreas interceptaron alrededor de 1 700 drones y misiles balísticos. Según cifras oficiales, el conflicto costó aproximadamente 37 500 millones de dólares, una parte sustancial del total destinada a municiones. El 8 de abril se estableció un frágil alto el fuego, y desde entonces se ha detenido la ofensiva para permitir que avancen las negociaciones diplomáticas.

A medida que la guerra se desaceleró, surgieron advertencias sobre la disponibilidad de municiones. Un informe del New York Times indicó que asesores de Trump recomendaron pausar la escalada para evitar agotar aún más los inventarios. Trump, por su parte, negó la existencia de escasez en declaraciones a medios financieros, mientras que Hegseth, meses antes, había asegurado que los suministros no disminuían. En una reciente comparecencia ante el Comité de Asignaciones del Senado, el secretario solicitó 87 000 millones de dólares adicionales para cubrir “déficits críticos”, entre ellos la falta de equipamiento. Estudios del CSIS, basados en información pública, revelan que las reservas de municiones están considerablemente reducidas y que la reposición de ciertos sistemas lleva entre uno y cinco años, sin posibilidad de acelerar el proceso.

Los datos del CSIS detallan el consumo de dos categorías principales de armamento. En el frente de ataque terrestre, se dispararon más de 1 000 misiles de crucero Tomahawk, cuyo costo supera los 2,6 millones de dólares por unidad; se estima que las reservas no volverán a niveles preconflicto hasta 2031. En defensa aérea, se emplearon aproximadamente 1 430 misiles Patriot, de un stock inicial de 2 330, con un precio cercano a los 4 millones de dólares cada uno. Además, entre 190 y 290 interceptores THAAD fueron utilizados, partiendo de una reserva de 360 unidades, lo que deja a la única batería operativa fuera de EE. UU. en una posición vulnerable.

Estas cifras subrayan la dificultad de reponer rápidamente los sistemas más costosos y técnicamente complejos. Los plazos de fabricación, que pueden extenderse varios años incluso con inversión inmediata, implican que el ejército estadounidense dependerá de los inventarios existentes para futuros compromisos. La combinación de un gasto elevado, la necesidad de fondos adicionales y la limitada capacidad de producción plantea desafíos para la planificación estratégica y la capacidad de respuesta de EE. UU. en escenarios de conflicto prolongado.

Síntesis generada automáticamente por la redacción digital de Global24 a partir de fuentes públicas.

Washington ha utilizado misiles difíciles de reemplazar durante su guerra contra Teherán. Analizamos si realmente se está quedando sin reservas.

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